lunes, 3 de septiembre de 2012

Me quito el sombrero



No tengo la menor idea de si llegué tarde a la repartición de cerebros, pero definitvamente sí llegué tarde a la de talentos, al menos en lo que se refiere a literatura,  Julio Cortázar se quedó con todo lo que me gustaría tener y en la actuación Merly Streep dejó en la calle a todas las actrices. Sí, me declaro fanática de ella, de todo lo que hace, de cualquier actuación; verla es una lección de sencillez, de maestría, de ingenio, de talento.... Dios que envidia!
Este fin de semana tuve dos revelaciones digamos que no muy buenas. La primera fue esa, darme cuenta que en talento teatral,  la Merly es lo mejor y la otra es que ya me estoy volviendo vieja,  y es que cuando entré a la sala cinematográfica, un sábado por la tarde,  resulta que era la menos concurrida, con dos o tres parejas de mediana edad y la que más se reía con las referencias sexuales era yo,  y es que señores, esa no es una película para que la entiendan los jóvenes y menos los recién casados, así que  debo admitirlo estoy envejeciendo.
Bueno,  no sé como titularon la película en español, de seguro le pusieron la chorrada de "Primavera de esperaza" o algo así de cursi, pero la verdad es que la historia es simpática y hasta ahí, lo que la hace magistral es la actuación de Merly y Tommy sí Tommy Lee Jones, este vecino texano tan buen actor como la otra.
Primero la película se llama "Hope Springs" y no es sino la anécdota de una pareja casada por 31 años, la cual ha dejado de lado el sexo. Ella un poco inquieta por cinco años sin sexo, decide tomar el toro por los cuernos ¿Qué hay de extraño en ello? ¿Siempre somos las mujeres no? y se lo lleva a un terapia intensiva con un consejero de parejas, para ello deben viajar a Maine y enfrentar cinco días de terapia, el negrito en el arroz fue Steve Carrel, quien no es santo de mi devoción, pero por dos horas todo se te olvida, te vas con la Marly, sufres su angustia, quieres ayudara a hablar a poner en palabras lo que le aqueja y le ves la desesperación en la voz, en las palabras, en los gestos y no hablemos de la caracterización es perfecta. Esa mujer es real, no esconde su gordura, no es fake como la Lucía Méndez o la Vero, que a fuerza de no querer envejecer se han puesto peor que momias y se ven feísimas, pese a que los presentadores de espectáculos digan lo contrario.
Merly da una lección de dignidad, es una actriz entrada en años que sabe lo que vale  no trata de impresionar por su belleza y miren que la tiene.
La película muestra su bajo presupuesto desde el principio, hay demostraciones clarísimas de quién pagó la factura, Ecnolodge, Coldwater Creek, Omaha, Barnes and Noble y desde luego el pueblo de Maine donde fue filmada, pero la verdad me dio gusto encontrarme todas esas cosas que me son familiares en mi vida en este país.
Es una excelente película, con un duelo de actuaciones en el que gana el espectador y aunque no creo que recaude mucho en taquilla, si recauda en simpatia y momentos memorables, si la ves no la vas a olvidar nunca.

Abur!

P.S. Estoy un poco preocupada, desde que me quitaron la 1270 la única talk radio que había en español le cambié de estación y ahora escucho pura música country,  lo peor es que me está gustando,,,¿Me estaré volviendo texana?

jueves, 16 de agosto de 2012

Dos poemas

Renuncia




Me fui despacio,

con el agua al cuello

me fui tranquila y

sin mirar el cielo

atrás dejaba el mar

el horizonte claro

el miedo, la decencia,

las ganas, el decoro

atrás quedó eso que se llamaba vida.

Me enfrenté a mis culpas

y disfruté el castigo

me ahogué en felicidad

porque me supe mía.




Abierta




Me suicidé la noche que me dejaste abierta

No pude con la espera ni con la incertidumbre

desposeída estaba de esperanza

Me suicidé sin lágrima por medio

con la consigna cierta de no pertenecerte

me suicidé, y al hacerlo,

te di permiso de gobernar mi vida.



Irrumpiste en mis entrañas sin dulzura

me negaste a la fortuna, me dejaste yerma

absurda, sola.

Mi sangre manchó el amanecer

pero ese día

no despertó la tierra.





martes, 14 de agosto de 2012

La medicina de la abuelita



 Quise esperar una semana para ver si la frialdad de la distancia aminoraba el sentimiento, las sensaciones, la experiencia, pero la verdad es que sigo tan impactada como cuando lo hice. Supe del Ayahuasca gracias a un reportaje que Univisión presentó  hace meses. El reportero, si mal no recuerdo era Víctor Hugo Saavedra, fue a la selva amazonica en el Perú y describió la experiencia, siempre son ese tinte exagerado de las notas del programa de " Aqui y Ahora" . No presté mucha atención esa vez porque estaba haciendo otras cosas, pero me dije: "Aunque quiera probarlo cuándo voya ir al Perú".  Luego,  mientras platicaba con mi mejor amiga, quien vive en Mérida, sobre un viaje que haría yo a México, ella me invitó a la ceremonia del ayahuasaca y hasta me mando varias enlaces de la internet para que  me informara un poco más. !Qué les puedo decir!  videos,  artículos y  blogs y entre más leía, más me emocionaba por vivir una experiencia así.  Le dicen la medicina de la abuelita y si entendí bien es una liana, una especia de raíz que se da en la selva amazónica y que los peruanos consumen con una intención ( siempre buena por cierto) curarse de esto o de lo otro, mejorar tal o cual aspecto de la vida, encontrar respuestas a un problema, qué sé yo. Lo cierto es que casi todos coincidían en un punto, cuando la pruebas vas a abrir tu visión del mundo, vas a ser diferente, vas a estar en otros planos. Con todo esto me dije que era un alucinógeno, algo a lo que le tengo mucho respeto, por más destrampada que me veaís. Pero sí, quería, deseaba probarla y saber como es estar en mi y fuera de mi al mismo tiempo. La definición más precisa que encontré es esta: En quechua ayahuasca significa 'soga de muerto' por su etimología aya 'muerto, difunto, espíritu' y waska 'soga, cuerda', ya que en la cosmovisión de los pueblos nativos el ayahuasca es la soga que permite que el espíritu salga del cuerpo sin que este muera. Es usado para rituales médicos y/o religiosos y en la medicina tradicional de los pueblos nativos amazónicos. Y eso es lo que realmente me pasó. Debíamos seguir ciertas reglas antes de la ceremonia, no alcohol, no drogas, no comer carne ni lacteos ni muchos azúcares, algo que es bastante difícil para mi, pero aún así tomé el reto. Debíamos llegar a las tres de la tarde a Organic Yoga, el sitio donde iba a ser la ceremonia, enmedio de la selva de Akumal, Quintana Roo, específicamente entre Playa del Carmen y Tulum.  Cuando llegamos eran casi las siete de la noche, todo iba a empezar a las 9, así que fuimos a nuestra cabaña a prepararnos  y nos dispusimos a aceptar todo lo que íbamos a vivir. La verdad sea dicha, me estaba muriendo del miedo, no sabía si podía tener un mal viaje o quedarme ahí, pero me di valor y cuando entramos a la palapa más de 30 personas estaban ya reunidas. Uno de los instructores no dijo lo que iba a pasar. Nos pidieron respetar a los otros, no hacer aspavientos, vomitar sin molestar mucho y nos aseguró que la medicina de la abuelita es tan buena que nadie se ha quedado en un viaje ni se ha muerto en la ceremonia.  A cada uno de los participantes nos dieron una cubeta pequeña para el vomito, el cual nos dijeron debíamos ofrecerlo después a la Pacha mama. Sí, leyeron bien, vomito, todos sin excepción vomitamos, algunos menos, algunos más, pero de que lo haces lo haces. Antes de empezar la ceremonia nos dijeron que un reportero de National Geographic estaría tomando unas fotos pero que iba a ser lo más discreto posible, además nos invitaron a unirnos a los cantos de mantras. Yo sólo quería ver como se iba a salir mi espíritu y estaba un poco ansiosa. Luego de bendecir las botellas donde estaba el ayahuasca, el chaman dijo, la ventana está abierta pueden pasar por su ayahuasca y tenagn una intención, ofrezcan la ceremonia por algo en específico. La palapa tiene forma circular sin sillas ni muebles, al centro colocaron unas velas y todos llevábamos o bolsas de dormir o tapetes de yoga, cojines, colchitas, agua y nos acomodamos como mejor pudimos. Aún no me tocaba probarla, cuando los primeros que lo hicieron ya habían empezado con el vomito, pero debo reconocer que la abuelita fue buena conmigo, tras tomar mi dosis noté ese sabor como a aguamiel, de consistencia espesa, como un atole, pero no es desagradable, no como el peyote, el cual si es amargo de verdad. ¿Qué cuál fue mi intención? pedi terminar con mis miedos, con todos los queme atan de alguna forma y no me dejan actuar a veces. Unos 15 minutos después de tomarla una serpiente como una saeta abrió mi cerebro, me mostró caminos que se bifurcaban, pero eran como un sólo camino separado en muchos. La serpiente se colocó en la esquina izquierda de mi cabeza y me miró para decirme que todo estaba ahí, mientras yo veía a la serpiente escuchaba una voz que me decía: "No necesitas poder, todo lo tienes, todo está en ti, mira lo que has hecho hasta ahora"  y entonces vi pasar como en una película casi toda mi vida, o al menos lo logros más importantes, los que yo considero y valoro como triunfos  (les aclaro que ninguno de mis matrimonios está en esa lista. Fue un chiste) La ceremonia, nos advirtieron, terminaría hasta las cuatro de la madrugada y nos suplicaron  no abandonar la palapa porque todos debíamos cuidarnos.Mientras yo estaba en esos dos planos viendo mi vida pasar y la serpeinte viéndome a mi, escuchaba claramente los ruidos de los otros vomitando, cantando, quejándose y entonces mi amiga me mueve y me dice: "Deja de roncar, estás roncando", eso me destanteó porque para roncar debía estar dormida y ¿cómo estaba dormida y escuchaba todo lo que estaba pasando y al mismo tiempo tenía mis  visiones?  es decir estaba en cuatro planos de conciencia todos alertas. Algunos entendidos dicen que se siente lo mismo con el LSD,  no lo sé porque nunca me he aventurado a tanto, lo que si sé es que después de ver todo eso, mi mente se fue a ver series de televisión de los años 60's como I Love Lucy y Los tres chiflados y veía alos personajes interactuando conmigo, diciéndome cosas que se relacionaban con lo que estaba pensando. Lo más cabrón de la ceremonia fue cuando la parte interior de muñeca derecha empezó a dolerme, veía un punto rojo, como si me estuvieran quemando y es que desde hace dos años padezco un poco del Tunel de Carpio y esa parte me duele mucho en ocasiones, tanto que debo usar una especie de soporte. Sentía el ardor tan fuerte y tan específico que escondía mi mano bajo mis piernas y recuerdo que pedía que terminara, que se fuera esa luz. Todo era intenso y mágico, las canciones eran preciosas y las escuchaba con tanto gusto, tenían un significado para mi incluso cuando algunas no las entendía porque eran mantras musicalizados. La noche fue larga pero interesante, sabia, mágica, alucinada, llena de color y con una sensación de que había descubierto muchas cosas de mi. Fue un nirvana consciente y real. Mi espíritu me dijo que soy poderosa  y que los miedos no existen si no quiero que existan y entonces fluí, cante el Waitinene y muchas otras y me dije que no estaba nada mal,  que me daba pena tener 50 años y andar en estas vaínas descubriéndome con una medicina sagrada, pero al mismo tiempo es maravilloso tener 50 y estar en el camino saber que vas,  que estás llegando, que no te quedaste  viendo pasar la vida.

Abur! ... Y  que viva el Ayahuasca

jueves, 2 de agosto de 2012

Una muñeca en pedazos







No tengo un recuerdo preciso como que haya sido el primero, son más bien imágenes que asaltan mi mente. El día de su boda, cuando estaba embarazada, cuando más joven compraba elotes para todos o ya más tarde cuando era madre de uno, luego de dos. No sé, no puedo decir este es el primero, pero todos los recuerdos de ella son vívidos, claros, nítidos y absolutamente reales. Elisa, era su nombre, fue la primogénita de la familia y la que en la lotería de los nombres recibió a mi gusto el más femenino, el más musical. Nosotras fuimos 8 mujeres y un hombre al que apodaban La Chiripa. Elisa llegó a la familia primero que todas, no puedo decir que era seria, pero si diferente. Tenía una simpleza para ver la vida y las cosas de la vida que me daba envidia, con decirles que su cantante favorita era Paquita la del Barrio. Para que complicarse la vida con las letras sesudas de Sabina, si se puede decir casi lo mismo con un “Me estás oyendo inútil”.
La situación económica en el Monterrey de los sesentas era casi la misma que ahora, había que trabajar para comer y los salarios para obreros o empleadas de almacén no eran para nada holgados, sobre todo si provenías de una familia grande, como la nuestra. En casa mi padre trabajaba todo lo que podía pero alimentar nueve bocas creo que no era enchílame otra; por ello, creo, Elisa empezó a trabajar muy joven. No sé si antes de este que voy a mencionar tuvo otro empleo, pero recuerdo que por varios años fue empleada de Arcesa, Plásticos, Arcesa, era el nombre de la empresa, ya saben en Monterrey somos los reyes del plástico, además del cabrito, claro está. ¿Qué hacían en esa fábrica?, no sé qué tanto, pero de que hacían peines, cepillos, cuerdas para brincar, máscaras de Batman ( que ahora se rematan en ebay como vintage) y muñecas no me cabe la menor duda. Supongo que mi hermana trabajaba en un horario de negros, o para ponerlo en contexto, de mexicano ilegal en USA. No recuerdo haberla visto entre los días de semana, se iba temprano y regresaba tal vez cuando yo ya estaba dormida, pero para desquitarnos de eso teníamos el sábado, el glorioso sábado. Elisa llegaba poco después del mediodía, comía con nosotros en la gran mesa de fórmica café que estaba en el cocina-comedor de la casa, ocupando el segundo cuarto, en un vivienda de cuartos seguidos. Ahí comenzaba la fiesta y entonces después de comer abría su bolsa y era el momento más esperado por las pequeñas:. Mi hermana Mercedes y yo. Elisa hacía aparecer un peine nuevo, algún cepillo o unos aretes de plástico, cualquier baratija que hubiera podido sacar de la fábrica donde era obrera Muchos de esos artículos estaban defectuosos, chuecos con remanentes de plástico en algún área. Aún me parece verla, delgada, morena, con el pelo peinado alto, zapatos cuadrados de tacón bajo, aretes grandes sesenteros pues. Una tarde de esos gloriosos sábados ella me llamó aparte y me dijo: “Esto es para ti, guárdalo bien”. Casi pego un brinco del susto porque me estaba entregando una pierna, de plástico, pero una pierna al fin, la traía envuelta en papel de estraza. El siguiente sábado me entregó un brazo, luego el torso, luego la otra pierna. Cada sábado una parte diferente hasta que teníamos el cuerpo casi completo porque faltaba la cabeza. Un mañana de sábado fue hasta mi cama antes de irse a trabajar y me preguntó: La quieres rubia o morena, qué le pregunté entre sueños, sonrió y dijo La muñeca pues que va ser, la que estamos haciendo, la quieres rubia o morena, dime porque hoy me voy a robar la cabeza. Morena, le dije, como yo. Ese día estuve desesperada ya quería ver la obra completa, había esperado más de un mes para tener mi primera muñeca y quería vestirla y arrullarla en fin, quería ver su cara. Cuando mi hermana llegó al fin, sacó de su bolsa otro objeto pero no la cabeza, me vio a la cara y me dijo “El supervisor nunca se descuidó y no pude robarme la cabeza”; mientras tanto mi descabezada muñeca yacía en un rincón de la recámara de mis padres hasta que finalmente luego de dos semanas llegó al fin la cabeza. Mi hermana y yo se la colocamos con mucho cuidado, como si hubiéramos esculpido esa obra.  Lo siento dijo, hubo un pedido muy grande y no había ni morenas ni  rubias, sólo cabezas de bebés, pero no te apures en la primera oportunidad te traigo otra cabeza. Tal vez lo hizo, no lo recuerdo, sólo sé que el bebé aquel al que vestimos con un mameluco azul anduvo mucho tiempo de mi mano, pero no me gustaba, no me gustaba en lo absoluto. Tampoco sé si este episodio desarrolló en mi esta aversión hacia las muñecas, nunca me han gustado ni las que después sacaron como muy de moda y que todas las niñas de mi tiempo querían tener, las que caminaban. Por mi bien podían no darme ninguna, yo quería un juego de química, un espirógrafo, lo que fuera menos una muñeca.  Lo que sí sé es que Elisa era fantástica me tuvo en suspeso “muñequil” por meses, se arriesgó a perder su trabajo sólo por regalarme una muñeca completa, la primera que tuve y que pese a que no era ni rubia ni morena, era mía y me la habían dado con mucho amor y con la felicidad que sólo sienten los que son generosos de corazón.


Abur!





miércoles, 1 de agosto de 2012

Un tour literario

Ahí andamos, navegando en internet a ver si de casualidad encontramos aquellos textos que nos marcaron, nos hicieron vivir experiencias memorables o de plano damos con alguna joya literaria y así  en las últimas dos semanas los cuentos completos de Capote saturaron mis tardes con irónicas sonrisas y aprendí que Francoise Sagan estuvo un poco enamorada de Sartre. Pero ayer, ay ayer, mientras buscaba un texto de Guadalupe Dueñas, para un performance que estoy preparando, me encontré con algunos cuentos de su famoso libro  "Tiene la noche un árbol", frase que es  parte de un verso, creo que de  Gorostiza, y entonces como no encontraba  el cuento que buscaba me puse a leer su biografía y vaya que es interesante, ella por ejemplo fue la responsable de que los amantes del cine en México, durante los años 50 no vieran desnudos,  al mismo tiempo escribía, ella escribía desde pequeña imagino que como todos los escritores para escapar un poco de su realidad, para "exorcisar sus demonios". Hija de un arrepentido casi sacerdote y una y mujer muy liberal, ella fue una de los 14 hijos de la familia Dueñas de la Madrid y un día se manufacturó sus propios libros, ella los escribió en una máquina de letra pequeña, hacía las ilustraciones y luego los cosía. En una ocasión, le pidió aun empleado del Fondo de Cultura Económica, que le dejara exponer sus creaciones durante una feria literaria y le dieron permiso. Los libros se vendieron como pan caliente y ella tuvo que hacer más "pero me quedaban chuecos, no se me alcanzaba a secar en el sol yo creo que por eso se vendían", declararía más tardeen una entrevista. Dueñas tuvo una formación muy religiosa, siempre estuvo en colegios teresianos. En su literatura es notoria la referencia a este tipo de educación no sin un dejo de sarcasmo, y velada crítica. Fue una de las más grandes cuentistas mexicanas y con sólo tres libros se consolidó como una de las mejores, hasta Elena Garro la consideraba así. Fue Emmanuel Carballo quien compró uno de esos ejemplares artesanales que exhibió no sin miedo en esa feria literaria y se puso en contacto con ella para pedirle más. 'Historia de Mariquita' , era el cuento que fascinó a Carballo y ayer,  mientras lo leía me quedé enamorada otra vez de esa prosa poética de Dueñas, tan dueña, ahora sí,  de las palabaras. Nadie como ella para contar una historia tiene un sarcasmo, un sabor agridulce, una noción perfecta de cómo contar una historia. Lean, lean nomás la Historia de Mariquita, no se las narro porque le quitaría la belleza y no se sorprenderían, pero debo decir que casi todas sus historias tienen ese toque de ternura que nos deja mudos (as) mientras las lágrimas humedecen nuestras mejillas. 

martes, 31 de julio de 2012

De músico poeta y loco...

Le he dado vueltas al asunto por más de una semana, reviso y reviso los hechos en mi mente y sigo sin entender cómo es que terminé en la unidad de psiquiatría del Parkland  Hospital. ¿Alguna idea? Ya sé,  más de uno de entre los que me conocen dirán con una amplia sonrisa que ese es el sitio en el que debo estar permanentemente, tal vez, pero no les voy a dar el gusto. Una joven mujer a quien conozco de apenas unos meses me dijo hoy que mi vida era de novela, que debería escribir mis aventuras y sería un éxito, tal vez,  pero su comentario me llevó a recordar a una querida amiga meridana que suele decirme lo mismo, o lo que dice mi sobrina Verónica:  “ Ay Lucía lo que no te pase a ti “.  Hace mucho me di una explicación al respecto.  Me pasan cosas porque me expongo, porque vivo, porque me intereso en las cosas, porque trato de hacer algo con mi vida, porque no me quedo viendo pasar la vida frente a mi ventana.  He tomado decisiones malas, claro, muchas, un montón, soy ingenua, atrabancada, desesperada, en fin tengo un montón de defectos, pero nada, nada me llevó a pensar que alguna vez terminaría sentada en una clínica psiquiátrica en medio de 8 loquitos de atar. El martes 24 legué a la cita que tenía con mi doctora, puntual, ella es de algún país de Africa, son tantos y pronuncian el inglés con un acento tan extraño a mis oídos, que nunca sé, aunque me  digan de dónde son. Hay muchos africanos trabajando en el Parkand Hospital, el gobierno de este país, contario  a lo que hace con México va y  les ofrece visas de trabajo, seleccionan a los mejor portados y los traen a vivir el sueño americano. Bien,  fui a la cita,  iba a ponerme una dosis de B12, un vitamina que mi cuerpo no procesa bien a raíz de una operación añeja. Debo pues ponerme mil miligramos cada mes. La ausencia de B12, me dice la doctora, debe hacerme sentir, deprimida y falta de energía. Casi ninguna de las dos cosas me ocurre. Más bien creo que soy hiperactiva. Bueno, por problemas personales tuve que deshacerme  de mis libros, cambiarme a un depa, empezar de nuevo y confieso que sí, la situación que vivo me estaba deprimiendo un poco, así que se lo comenté a la doctora Falola, así se apellida. Ella se ofreció de inmediato a darme antidepresivos y le contesté con un rotundo NO. Creo que la medicina alópata, los fármacos, los químicos, te arreglan una cosa pero te descomponen otra. Me sugirió que debería tomarlos  por x razones. L e dije que prefería que me refiriera a un psicólogo, para tomar terapia, que era mejor para mi hablar con alguien de mis “broncas”. Ella sacó unos papeles del escritorio que iba llenando  para luego abrir otros más en la compu  mientras me preguntaba cosas como  “¿Tienes alucinaciones? ¿ves cosas? ¿Oyes voces, hablas sola? ¿Has pensado alguna vez en suicidarte?  A todo había contestado que no, pero en esa pregunta de has pensado alguna vez,  le dije que sí, que  como todo el mundo muchas veces tienes problemas tan grandes que quieres morir. Entonces ella preguntó que si tenía planes y le dije que  sí,  que muchos. Claro tengo unas vacaciones en puerta, una presentación de mi monólogo en un Festival de Teatro aquí en el LCC, quiero ir a Londres el próximo año, espero ser abuela, tengo muchos muchos  planes, pensé para mi, pero no se los iba a detallar a la doctora todos. Ella me miró compasiva y me mandó al laboratorio para que tomaran la muestra de sangre y a que me pusieran la inyección de B12. Cuando regresé al consultorio, un policía vietnamita estaba ahí, con mi bolsa en sus manos y sonriendo me preguntó que si estaba lista. ¿Lista? ¿lista para qué? Pregunté  con sorpresa. Debo escoltarla al  hospital, es lo que procede. Por qué, le pregunté a la doctora y ella con su voz compasiva dijo “No quiero que te pase nada. Te conozco, sé todo o que haces y quiero estar segura que vas a estar bien”. “Estoy bien”, le dije.  Tengo que ir a dar una clase de teatro infantil, tengo un almuerzo de negocios con un productor mexicano que está interesado en una de mis ideas y por la tarde tengo que ir a mi trabajo. “Todo eso puede esperar. Lo  más importante es tu salud y que estés bien”. Créanme , he visto suficientes películas americanas para saber que cuando eso pasa lo mejor  es no protestar. Así que me subí a la patrulla sin chistar.  Llegamos al hospital no sin haber  escuchado un discurso compasivo, del policía, quien me conminaba a no quitarme la vida. Le dije que no haría una cosa así,  que estaba bien. Su respuesta fue: Sí, así dicen todos y luego se suicidan. En el hospital confiscaron todas mis pertenencias, no podía llamar a nadie y me quitaron todos mis accesorios, me enfundaron en una bata verde y pusieron a una enfermera a cuidarme. Eran las 9 de la mañana cuando llegamos ahí.   Durante tres horas nadie habló conmigo, me ofrecieron algo de comer y dije que no. No sabía que iba a pasar, sólo me pidieron paciencia por qué no tenían cupo, ¿en dónde?, peguntaba yo, cupo en dónde. En la unidad de psiquiatría, contestaron al fin. A las 12 con 32 minutos entré finalmente a psiquiatría, vuélvete a desnudar, ponte una bata verde y otra más encima. Me llevaron a un cuarto grande con varias salas de exámen pequeñas y en el cuarto grade había 8 sofás que se hacían cama, si lo deseadas. Cada cama tenía un ocupante.  Por primera vez en mi vida me sentí aterrada, Cada vez que decía algo a la enfermera, algo como tengo que salir de aquí, debo ir a trabajar a las 3 y te juro que no me voy a suicidar. La respuesta era la misma:  Sí así dicen todos. Que no lo van a hacer.  Mi mente estaba a mil, si lloraba, me decía,  me van a dar un tranquilizante; si gritaba, me podía pasar lo mismo y lo único que hice fue estar sentada por horas (casi cinco)  sin decir nada, excepto cuando dos de los jóvenes ahí  recluídos  empezaron a contarme sus historias. Historias fascinantes, como la de Gabriel, quien estaba ahí porque un día antes, mientras esperaba su vuelo de regreso a Puerto Rico insultó a una señora que le daba comida chatarra a su hijo de dos años. Como el marido de ésta no la defendía de sus insultos, él empezó a golpearse en defensa de la mujer.  Luego se agarraba la bata por un costado y levantaba la otra mano y decía que era Julio César. Luego detenía el paso  de la enfermera y le decía cosas como  “Tu pintaste mi alma con el pincel de la honestidad cuando sonreíste” y la enfermera ponía una cara de loca.  Empecé a relajarme y a tomarme las cosas con calma. Casi a las cinco el Dr. Chang me evaluó y tras 15 minutos me dio de alta. Cuando salía del consultorio me dijo que necesitaba el teléfono de algún familiar para llamarle. Le dije que no tenía  a nadie y que los teléfonos de mis amigos estaban en mi celular, intentaba que me lo devolvieran, entonces, los dos jóvenes que estaban ahí con quienes había platicado antes se pusieron de pie y gritaron: Nosotros somos sus sobrinos, ella si tiene familiares aquí. Eso me hizo reír, al menos dije hay buenos corazones. El Dr. Chang mandó  al trabajador social quien me dio mi alta de normalidad y me pidió disculpas porque dijo que  e un error frecuente cuando formulaban mal la pregunta de si has pensado en el suicidio. Salí casi a las seis de la tarde. Cuando dos días después le platicaba a una compañera sobre lo que había pasado se rio mucho y me dijo, seguro fuiste con Falola, no te preocupes no eres la única ya lo ha hecho antes a otras compañeras. ¿Que  me quedaba? Reírme de lo que me pasó o contar la experiencia en un blog. Nunca, cuando vayan al doctor en Texas digan que han pensado en suicidarse, el protocolo  de  la ley dice que se debe proteger al suicida de sí mismo y hay que recluírlo bajo vigilancia, exactamente lo que hicieron conmigo.  Lo bueno de la experiencia es que ahora tengo un papel que dice que "soy normal" y que nonecesito terapia ni nada de eso, lo  aclaro sólo para aquéllos que como dije al principio piensan que la clínica psiquiatrica es el sitio en el que debo estar.

jueves, 5 de enero de 2012